Archivo | Personalidades RSS feed for this section

Torreblanca ya tiene película

20 Jun

fotografías: Guillermo Lagardera

Paco Torreblanca, el mayor pastelero conocido, ya tiene su película. Se presentó la semana pasada en Alicante, en el nuevo e imponente auditorio provincial –todo en Alicante lleva el sanbenito provincial–, de García Solera. Un edificio inmenso, potente, de formas rigurosas pero nada chirriantes. No sé si las butacas, cómodas pero aparatosas, han sido elegidas también por el estricto arquitecto alicantino.
Pero el centro del acto no era el edificio, sino Paco, rodeado de amigos. La Diputación, esta sí, provincial, es la promotora del documental sobre la vida y milagros de Torreblanca, dirigido por Domingo Rodes. Parece mentira, pero los valencianos –y ahí incluyo a los alicantinos por más que le pese a algunos–, por fin rendimos honores en vida a los grandes de nuestra tierra.
El acto terminó por convertirse en un acontecimiento histórico, pues fue el último que presidió como presidente de la Diputación, José Joaquín Ripoll, a quien muchos en Alicante llaman Ripol no sé muy bien por qué curiosidad fonética. Como de bien nacidos es ser agradecido, la mayoría de los presentes saludó con cariño al político defenestrado, toda vez, y es justo reconocerlo, que Ripoll apostó siempre –y dedicó importantes recursos a ello– por la promoción de la gastronomía que allí llaman “alicantina”.
Ese es un debate que algún día habrá que plantear, el de si existen diferencias entre las cocinas alicantinas y valencianas. Siempre podremos encontrar algún punto de singularidad, pero también muchos de confluencia. Las categorías y subdivisiones como cualquier construcción abstracta del conocimiento humano –los filósofos a eso le llaman gnoseología o epistemología–, dependen del grado que apliquemos a la lente con la que miramos las cosas.
El caso de Paco Torreblanca es paradigmático. Empezó su intervención en el acto reclamándose de Villena, donde nació y donde tiró las primeras pedradas en la calle junto a sus amigos de infancia. En el vídeo, además, paseaba por los muelles de Alicante y señalaba la importancia del Mediterráneo en su vida. Pero no olvida su formación en París, fundamental, ni el flechazo cultural que supuso descubrir Japón –¡qué importante es este país para la culinaria contemporánea!–.
Torreblanca, sin embargo, no se olvidó de Valencia, cuya Universidad Politécnica le ha reconocido, ni de Elda, donde trabaja y reside, ni de Xàbia en la que veranea, pero sobre todo no se olvida de su verdadera patria, su familia, su Chelo, alcoyana, siempre alcoyana, y los hijos que le siguen en el oficio pastelero, Jacob y David.
La presentación fue realmente entrañable. Susi Díaz, de la Finca, casi se echa a llorar, a Martín Berasategui se le hizo un nudo en la garganta, y Quique Dacosta mostró su lado más emotivo para recordar al maestro del dulce. Allí estuvo, plateado, el gran Torreblanca, rodeado de amigos, un servidor que lo siente así, y muchos otros que recuerde como José María García, Alfonso Egea, Alfredo Argilés, Lluís Ruiz Soler, Alejandro Alonso “rías gallegas”, las hermanas Velez “sirenas”, Kiko Moya “l’escaleta”… De largo, lo mejor de lo mejor de la gastronomía alicantino-valenciana.
Volviendo de Alicante a Valencia por la autopista, a las tantas, descubrimos que el restaurante más cercano a la carretera –apenas 3 km de desvío– y más a caballo de las dos ciudades es el Gambrinus de Teulada: estupenda cerveza que no bebimos, pescados de lonja y platos telúricos como la sangre con cebolla y pimienta roja, el figatell o el revuelto de patatas con sobrasada… No está mal, sobre todo lo ajustado de sus precios.

Anuncios