Lo siento, ha sido el espejo

26 Sep

 

Casi nadie bebe vino y, los pocos que hoy lo aprecian, beben poco y cada vez menos.  La realidad española, con un descenso anual del consumo del 15%, nos ha llevado a un consumo por persona y año de 17litros que contrastan con la situación en países como Holanda, Alemania o Suecia con consumos que superan los 30 litros por persona y año.

A menudo escuchamos  cómo los productores responsabilizamos de éste descenso a: la Guardia Civil, las campañas publicitarias de las grandes cerveceras, la falta de cultura vinícola de la juventud y los abusivos márgenes aplicados por distribuidores y hosteleros…  ya que sabemos perfectamente que en países como Holanda, Suecia y Alemania no existen los controles de alcoholemia, apenas se consume una desconocida bebida llamada cerveza y, tanto distribuidores como hosteleros, marginan un 5% a sus productos ya que sus empresas son ONGs… además, en los países arriba citados, la tradición vinícola se ha transmitido de padres a hijos desde hace generaciones!.

Pero hoy, tras haber oído y asumido tantas veces las mentiras anteriores he escuchado a Michael y he probado a dejar hablar al hombre del espejo… Al principio se ha mostrado tímido, incrédulo ante la oportunidad, pero después ha cogido confianzay me han sorprendido sus palabras, sus verdades constructivas. Verdades como la enorme, sin duda mayoritaria, responsabilidad del descalabro del consumo de vino de un sector productivo, en muchos casos, poco profesional que confunde al consumidor ofreciendo calidades, a menudo, inconsistentes, precios de fantasía que amorticen todo terrenos de alta gama y maravillosas chicbodegas, etiquetas puntuadas por “expertos prescriptores” a sueldo de las bodegas y tantas marcas innecesarias  elaboradas con el único objetivo de alimentar el ego de los nuevos “bodegueros de toda la vida”.

El espejo del productor me ha dicho que dejemos de confundir al consumidor. Que los productores tenemos que desnudar al vino de tanto ritual, tanta“pasión” y tanto glamour impostado para permitir un acercamiento natural a una bebida preciosa. El espejo me dice que lo que no se entiende no se aprecia y que, entre todos, hemos transformado el vino en algo incomprensible.  En una misma estantería o carta encontramos referencias divertidas y aburridas,  vinos técnicamente perfectos junto a enciclopedias de defectos enológicos, vinos honestos y placenteros junto a desequilibradas sopas de tanino e incultura… en el vino, hoy, desgraciadamente, cabe todo. El productor en mí tira de oficio y argumenta esa es la grandeza del vino, el reflejo de la personalidad del bodeguero  y el especial terruño en el que blablablabla… hasta que el espejo me manda callar contándome que muchísimos vinos son magníficos coches sin motor o pares de zapatos del pie izquierdo o guitarras sin cuerdas… y me callo y pienso que Man in the Mirror tiene razón y que quien paga dos o tres veces muchos euros por una guitarra sin cuerdas termina comprando una flauta.

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