El Ribereño que soñaba con Rioja

20 Jun

La familia García es familia de abolengo en Burgos. Desde el palacete medieval del pueblo de Tordómar (ribera del Arlanza) salieron coroneles y generales que lucharon en todos los rincones del imperio.

Aún así la gente de Castilla suele ser refractaria a las seducciones exóticas y fiel a sus raíces. Por eso no extraña encontrar a las últimas generaciones de la misma familia invirtiendo, al principio de los ochenta, en la bodega Valduero, una de las más antiguas y de las fundadoras de la d.o. Ribera del Duero.

Al vástago rebelde de los García Viadero dedicamos este primer recorrido en el mundo del vino. Goyo podría haberse dedicado a dirigir el negocio familiar, pero esa mezcla de pasión e iconoclasia que le caracteriza lo ha llevado a dedicarse a la labor de asesor agrónomo y enólogo itinerante. Recorriendo la Ribera a lo largo y a lo ancho, pudo localizar esas parcelas de viñas viejas plantadas en suelos idóneos a la producción de  grandes vinos. Su idiosincrasia es la del castellano inteligente, que ve en la Rioja con su frescura y acidez el arquetipo del gran caldo y que, cuando descansa, sueña con las cepas y no con los puntos Paker.

La aversión hacia los adictivos sistémicos, hacia las levaduras seleccionadas y hacia las sopas de madera, le hacen entrar a pleno derecho entre el grupo de los enólogos artífices de la revolución silenciosa cuyo lema es “menos química más viticultura”.

De momento encontramos en el mercado tres vinos “parcelarios”:

Valdeolmos (2008 primera añada), el resultado de tres microparcelas de tinto fino y albillo centenarios en la zona de Olmedillo de Roa sobre suelo arenoso con guijarro visto y subsuelo arcilloso

Peruco (2009), hijo de una parcela a lado de la bodega Torres de Anguix, procede de un viñedo algo más joven pero en suelo más arenoso

Viñas de Anguix (2008 primera añada), el todo terreno producto de un viñedo de menos de un hectárea en Anguix, con suelo arcillo arenoso

La vinificación, a pesar de disponer de las maquinarias de una bodega grande y a la última en tecnología, está hecha en depósitos de 1.000L para favorecer la microxigenación. Lo que distingue lo vinos de Goyo son la acidez y la frescura, consecuencia de la decisión de vendimiar de 12,5º a 13º Baumé (según el vino), para evitar bocas alcohólicas y sobremaduras. La crianza en barrica borgoñesa de roble francés es larga (entre 14 y 18 meses) y el Viñas de Anguix se encarga de domar los taninos de las barricas nuevas permitiendo una aportación muy equilibrada de madera a los hermanos más delicados.

El resultado son tres vinos con alma, gran personalidad y potencial de guarda, más elegantes tal vez el Valdeolmos y Peruco (debido al terroir  y en parte a la pequeña aportación de uvas blancas), más potente y mineral el Viñas de Anguix.

El nuevo proyecto de Goyo es un viñedo sobre terraza fluvial que parece salido de Chatenauf. El vino se va llamar Sobrellano y esperemos poderlo catar este año.

Goyo tiene mucha esperanza en estas cepas, ¡¡¡y nosotros en él!!!

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Una respuesta to “El Ribereño que soñaba con Rioja”

  1. Ramón Zamalloa 22 febrero, 2014 a 14:37 #

    Doy fe de que los vinos de Goyo son fabulosos.

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